Carta Universitaria No. 10
Título : Vigencia de un compromiso
Autor : Yino Castellanos
Sección: Ámbito inédito
Fecha : Octubre de 2005

Vigencia de un compromiso

Treinta y cinco años después de su primer día de trabajo en la Universidad Nacional , cinco funcionarios recibieron un merecido reconocimiento a su trayectoria de manos de las directivas del Alma máter en la celebración del día del empleado administrativo. Una labor que expresa el compromiso adquirido con este centro académico.

Ocho presidencias, e igual número de rectorías, han pasado para cinco personas que tienen sus vidas ligadas a la historia de la Universidad Nacional de Colombia. Sus nombres hacen parte de la riqueza de cada facultad en la que han tenido la oportunidad de trabajar, y sus biografías están barnizadas con el blanco de la ciudad universitaria. Tres décadas y media después ellos continúan laborando.

 

Margarita Molano Isaza. Actual secretaria del Departamento de Química. Una bogotana que vive su trabajo "con la camiseta de la Universidad puesta", al punto de recibir una distinción honorífica y una mención meritoria por su trayectoria profesional, amén de la medalla Manuel Ancízar que le impuso el rector Ramón Fayad. Madre de dos hijos, es reconocida por sus compañeros como una mujer de buen temperamento y excelente trabajadora. Para ella la Ciudad Universitaria mantiene el lustre desde su ingreso, en el año 1970, incluso con los cambios que una generación estudiantil militante grabó en su memoria desde el inicio de aquella convulsionada década. "Hoy los muchachos parecen más despreocupados por las cuestiones del país", agrega Margarita, una mujer a quien prácticamente todo el mundo conoce en la Universidad.

 

Waldo Carlos Salcedo Saavedra. Operario calificado del Laboratorio de Química de la Facultad de Ciencias. Con apenas 16 años de edad ingresó a la UN el primero de septiembre de 1970. En su hoja de vida reposa la copia de su tarjeta de identidad, extraño documento que sirve para constatar sus 52 años de edad, y su nacimiento en el municipio de Valle del San Juan, a media hora de Ibagué (Tolima). Para este deportista consumado las pipetas, los tubos de ensayo y el resto del instrumental químico le son tan familiares como las voces de los estudiantes que reconocen en él un apoyo para las prácticas de laboratorio. "Carlitos" le agradece a la Universidad la educación de sus tres hijos.

 

Luisa Amanda Sáenz Caldas. Secretaria ejecutiva de la Facultad de Ciencias Económicas. "Aún me veo con la media blanca tobillera, atendiendo a los estudiantes en el servicio de salud, en aquellos fragorosos años setenta", afirma esta mujer nacida en Moniquirá (Boyacá), quién llegó a la Ciudad Universitaria el 6 de abril de 1970. Hoy atiende con la misma simpatía a estudiantes y profesores, algunos de ellos con sus roles intercambiados por el paso del tiempo. Para la Universidad sólo tiene palabras de agradecimiento y, claro, el recuerdo de episodios como el de la toma de la embajada de República Dominicana cuando quedó prácticamente a cargo del servicio médico estudiantil. "Incluso a mí llegaron a perseguirme por los bordes de la Universidad ", recuerda.

 

José Espitia Castro. Operario calificado del Laboratorio de Microbiología del Departamento de Farmacia. Amigo de los veterinarios, con quiénes trabajó por más de 20 años, José recuerda el 16 de septiembre de 1970, cuando con apenas 19 años ingresó a la Nacional. Inició su itinerario por los laboratorios de la Facultad de Medicina Veterinaria, Agronomía y el actual de Farmacia, en el que ha recogido su experiencia para contribuir con el análisis de medios de cultivo en las prácticas de los estudiantes que hoy lo catalogan como una guía para adelantar adecuadamente su trabajo. Al respecto, José, oriundo de Sámaca (Boyacá), no duda en expresar su agradecimiento a la Universidad por haberle permitido aprender una labor que le ha servido para educar a sus tres hijas y conservar una hoja de vida intachable en el tiempo en que se ha entregado a su pasión por la práctica de laboratorio.

 

Mirna Osorno Sánchez. Secretaria del Departamento de Ciencias Agronómicas de la Sede Medellín. Treinta y siete años de trabajo le han servido a esta mujer, nacida en Armenia (Quindío), para reconocerse como parte integral de su Sede. "Mi primer trabajo fue como operaria del conmutador", recuerda. Posteriormente, en 1976 asistió a la creación del departamento en el que labora, luego de prestar sus servicios en la sección de Fitomejoramiento. "La calidad humana de mis compañeros ha sido un estímulo permanente para continuar con mi trabajo", anota Mirna, quién también agradece la belleza del espacio físico en el que espera cumplir un año más de trabajo, con la misma calidez que sus compañeros le reconocen.

yacastellanosc@unal.edu.co