Las mujeres, de diversas edades, cuentan con el acompañamiento de expertos de la Universidad Nacional para conocer los secretos del embarazo y poder afrontar este vital momento, garantizando la salud de ellas y de sus hijos.

Fotos Víctor Manuel Holguín /Unimedios

 

 

 

La maternidad, toda una carrera

A través del proyecto Maternidad y Paternidad de la Facultad de Enfermería de la UN en Bogotá, se brinda capacitación a madres gestantes y madres del programa Familia, mujer e infancia, Fami, del ICBF, en las localidades de Kennedy y de Engativá. Ellas aprenden cómo cuidarse y cuáles son los factores de riesgo en el embarazo.


Magda Páez Torres
Unimedios

Bogotá. A los nueve meses de gestación, Ruth Castro, ahora madre Fami del ICBF, perdió a su bebé. Aún lo recuerda con una clara tristeza en los ojos, de esas que conmueven más que un cúmulo de lágrimas. Pese a haber sentido endurecimiento en su vientre y un dolor regular en la misma área, la desinformación la llevó a pensar que simplemente eran contracciones, sin mayor implicación.

Cabizbaja aún, afirma con seguridad que si hubiera tenido la posibilidad de recibir información o capacitación al respecto, habría podido evitar la muerte de su hijo. Es por eso que ahora, con gran convicción y esmero, forma parte del proyecto de extensión Maternidad y paternidad que adelanta la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia.

Este proyecto busca, justamente, apoyar durante su gestación y periodo de lactancia a las madres de sectores como Kennedy y Engativá. Ello a través de unas jornadas que se desarrollan, desde el 2003, con las madres Fami de las localidades, para enseñarles cuáles pueden ser los factores de riesgo, cómo preparase durante la gestación, el nacimiento y el posparto, y, ante todo, de qué manera hacer respetar sus derechos como madres gestantes frente a los servicios de salud.

“Buscamos que las mujeres gestantes conozcan sus derechos y los exijan, además de darles herramientas para que sepan lo que está pasando en su proceso de gestación”, sostiene la coordinadora del proyecto, la profesora Marta Patricia Bejarano, enfermera, especialista en perinatología clínica.

Un encuentro esperado
Es martes y, desde un poco antes de las dos de la tarde, comienzan a llegar las futuras mamás al salón comunitario del barrio Dindalito, de la localidad de Kennedy, en el que las madres Fami llevan a cabo sus sesiones, y donde, también, el grupo de profesionales de la Facultad de Enfermería de la UN les brinda capacitación.

Aquí no hay restricción de edad, ni ninguna otra exigencia aparte de la de ser madre gestante. Adolescentes desde los 13 años hasta mujeres cercanas a los 40 asisten como las más consagradas estudiantes a las charlas.

Con cuaderno en mano, se aprestan a recibir información acerca del proceso de gestación y todos los riesgos que existen, tanto para la madre como para el bebé.

Andrea Quintero*, con tan sólo 16 años, ya está a dos meses de ser mamá. Se destaca por escuchar de forma muy atenta, como si estuviera en su clase favorita, las explicaciones de la profesora Bejarano.

Como ella misma lo dice, emprendió “la carrera más difícil del mundo”, la más larga, pero también, la más gratificante. “Uno no puede decir que en dos años se va a graduar como mamá. Uno se gradúa de mamá cuando se muera o cuando se mueran los hijos. Es una carrera que sólo se aprende en el transcurso de la vida”, sostuvo Quintero con la madurez que sólo un hijo, desde su gestación, puede brindar.

Para su fortuna, hasta ahora, Viviana ha tenido un embarazo sin contratiempos. Sin embargo, mujeres como Esnith Magaly Romero han afrontado algunos problemas, como la preclampsia, una enfermedad a la que se le atribuye el 35 por ciento de las muertes de mujeres gestantes en el país.

Hoy, con el bebé en sus brazos, señala que, gracias a la capacitación brindada por la UN, aprendió cómo prepararse y pudo enfrentar a tiempo la preclampsia. Ya como madre lactante sigue asistiendo para avanzar en ese aprendizaje que sólo termina al final de la vida.

Ella, como todas, escucha atenta las recomendaciones alrededor del tema del día: el VIH – sida. Después de la explicación de la profesora, y de algunas preguntas que las mamás contestan juiciosas –en parte para demostrar cuánto han aprendido y en parte para foguearse a sí mismas–, ven un video sobre casos en que la madre transmite el virus a su hijo y las posibilidades de evitar el contagio si se realiza a tiempo el examen.

Algunas sostienen orgullosas que ya se practicaron el examen del VIH, otras confiesan apenadas que aún no, pero se comprometen a hacerlo pronto.

A ejercitarse
Y llegó la hora de los ejercicios. La profesora Bejarano y las estudiantes que realizan su pasantía en este proyecto empiezan a dirigirlos. Las mamás se levantan de sus puestos y animadas siguen las indicaciones de las “maestras”.

Esta es la parte de la capacitación preferida por muchas. Karina Silva* sonríe mientras se ejercita. Se ve contenta. Quién creyera que el bebé que lleva en su vientre, apenas a los 14 años, es producto de una violación.

Ella lo dice con naturalidad, como un dato más en medio de la charla. Descubrió a los 5 meses que estaba embarazada. La noticia fue tan repentina que ni siquiera pensó en abortar, afirma. Además, parece muy ilusionada con su bebé. Ya sabe que es niña y se llamará Dana Camila.

Karina sigue con sus ejercicios: indicaciones para manejar la respiración, flexiones o estiramientos preparatorios para el nacimiento y algunas dinámicas de relajación.

Al final, se acuestan en colchonetas y, en posición fetal, emprenden un viaje para encontrarse con sus hijos, esos con los únicos que se puede crear un vínculo y establecer una comunicación desde la distancia.

Consulta colectiva
Ahora, la paciencia a toda prueba. La profesora Bejarano empieza a atender a cada una de las mamás, en compañía de sus estudiantes. El objetivo es valorarlas e identificar factores de riesgo. Este trabajo es muy estimado por las madres, quienes son conscientes del valor que representa.

Heidy Martínez tiene siete meses de gestación y espera ansiosa su turno para la valoración. Por fin, le corresponde pasar y se tiende en la colchoneta que hace las veces de camilla.

Su madre, que la acompaña, le cuenta a la enfermera que su hija ha experimentado un constante dolor de cabeza en los últimos días, ve lucecitas y siente un zumbido en los oídos. Además, la profesora Bejarano le encuentra la tensión bastante alta. “Por eso me gusta asistir, porque es muy bueno que nos presten atención de este tipo”, señala la joven Martínez.

Inmediatamente, la profesora de Enfermería de la UN le ordena buscar atención médica y le da las especificaciones de cómo hacerlo, recordándole que es obligación en nuestro sistema de salud brindarles atención a todas las mujeres gestantes.

Y es que como lo dice la profesora Bejarano, hay muchas barreras en el acceso a servicios de salud, pese a que por ley se debe atender a toda mujer en este estado.

Hasta el momento, las estadísticas privilegian la vida: de 310 familias gestantes y 85 madres Fami del ICBF que han hecho parte del proceso de formación de la UN con las madres Fami, no se han presentado muertes, ni del bebé ni de la mamá.

Por tanto, como asegura María Inés Bernal, coordinadora de las Madres Fami de la localidad de Kennedy, el proyecto responde a una de las metas del milenio que es disminuir la mortalidad perinatal.

“Gracias al trabajo que desarrolla la Universidad Nacional, las madres ahora están más tranquilas y seguras, y, así mismo, saben cuáles son sus derechos”, comenta Bernal.

Por todo ello, el proyecto de la Facultad de Enfermería de la UN ha sido reconocido dos veces. En una oportunidad, por parte de la misma Universidad, que le otorgó el premio de extensión meritoria, y, en otra ocasión, por la Secretaría Distrital de Salud, como experiencia exitosa en la mortalidad materno–perinatal en la capital. Sin embargo, la gratitud y el reconocimiento que cada madre hace al proyecto son las mejores pruebas de la importancia que encarna el trabajo.

Ellas expresan su sed de conocimiento y saben que después de tantos casos cercanos no quieren ver morir a sus hijos, ni que crezcan sin su presencia. Además, en una comunidad con tantas necesidades, no sólo físicas sino afectivas, en que una de las madres pide excusas por haber faltado a una capacitación, ya que mataron a su esposo, otra confiesa que come sólo una vez al día y la más joven dice que su hijo es producto de una violación, toda ayuda es valiosa.

Gran parte de estas mujeres gestantes sólo alcanzaron la primaria. Otras alcanzaron a terminar el bachillerato. No obstante, la vida ahora les presentó su reto más grande: ser mamás. Ellas son conscientes de que esto exige preparación, no teórica, pero sí académica, en una carrera que se construye a lo largo de la vida y que, al parecer, trasciende más allá de la muerte.

* Los nombres de las menores fueron cambiados para proteger su identidad.

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